LOS ISOTOPOS
Mirta Ortiz Tassón


Sabemos desde 1789 que los alimentos se queman en nuestros cuerpos, convirtiéndose en anhídrido carbónico. Conocimiento que le debemos a Antonio Lorenzo Lavoisier, fundador de la Química Moderna.

Las sustancias que ingerimos se descomponen por acción de las enzimas, en otras más simples; pero ¿dónde van a parar y qué es lo que hacen? era un profundo misterio; ¿se desintegran inmediatamente en anhídrido carbónico y agua o su descomposición es gradual, permaneciendo en el cuerpo por mayor tiempo? y si es así ¿dónde están?; ¿poseen los distintos ácidos grasos el mismo valor nutritivo? y, ¿qué es lo que les da tales características?. Fueron preguntas que desafiaron la imaginación de los bioquímicos y parecían condenadas a permanecer en la mente humana sin respuestas. Debido a que los fragmentos de las moléculas de grasa son absorbidos por el intestino, mezclándose luego irreparablemente con el torrente de otras moléculas de grasa que se encuentran en el cuerpo, resultaba imposible el distinguirlas. Se necesitaba pues, poner una "etiqueta" a alguna grasa, a fin de poderla seguir en su peregrinación. Se precisaba de alguna marca que escapara a la elección caprichosa de las enzimas. Y no fueron los bioquímicos, sino los físicos atómicos, quienes la proporcionaron.

Las enzimas de la célula no pueden distinguir un isótopo del otro. El físico-químico en cambio, sí puede hacerlo con sus instrumentos. Y si el isótopo es inestable, la tarea se facilita, pues la radioactividad resultante de la desintegración se mide perfectamente con el contador Geiger. Hay un nivel constantemente bajo de radioactividad en toda célula viviente, pero si introducimos en la célula un isótopo radioactivo de un elemento, la radioactividad aumenta en proporción a la cantidad de isótopos.

Para llevar a cabo una investigación, se preparó una grasa que contenía deuterio y se le dio de comer a un grupo de ratas. Aparecieron entonces, pequeños rastros de deuterio en las excreciones de dichos animales, evidenciando que la grasa contenida en la dieta no se quemaba inmediatamente en su totalidad. ¿Dónde se encontraba la grasa recién ingerida? y ?dónde se almacenaba el deuterio?. Se sacrificaron las ratas en el primero, segundo, tercero y cuarto día. Los diversos órganos (hígado, encéfalo, burbujas de grasa abdominal) se sujetaron separadamente a cocción con álcali, determinándose que la mayor parte de deuterio se hallaba en los depósitos de grasa.

Es así como se llegó a conocer que los alimentos se van consumiendo lentamente y que, cuanto más tiempo vivía la rata después de ingerir el alimento isotópico, menor cantidad de deuterio iba quedando en su cuerpo, determinándose también el tiempo de duración de la grasa en sus depósitos.

Se sabía que los animales tienen la facultad de convertir el azúcar y el almidón en grasa. Para ver si esos pueden elaborar toda la grasa que tienen, los esposos Jore O. y Mildred M. Burr mantuvieron un cierto número de ratas a base de una dieta totalmente carente de grasas. Al principio las ratas se adaptaron perfectamente pero pasado cierto tiempo, gradualmente se puso de manifiesto que algo andaba mal y los roedores dejaron de aumentar de peso en la proporción que diariamente deberían de hacerlo. En cosa de 70 días los animales presentaron un aspecto enfermizo. La cola se veía escamosa, frágil y se caía a pedazos. El pelo se cubrió de caspa, desprendiéndose a mechones; y la orina sanguinolenta puso de manifiesto que también los órganos internos se encontraban afectados. Pero si antes de que entren en agonía se les administraba diariamente unas gotas de grasa, se recuperaban milagrosamente.

¿Qué existe en una grasa que protege a las ratas de esta enfermedad?. Los isótopos manejados por los doctores Rittenberg y Schoenheimer proporcionaron la respuesta: se aplicaron inyecciones de agua en la que el hidrógeno era deuterio y se obtuvieron ácidos grasos saturados con grandes cantidades de deuterio. ¿Cómo logró penetrar el deuterio en ellos?, sólo podrían encontrarse allí si los ratones elaboraban el ácido graso. El talismán (el ácido linolénico) que aleja la enfermedad producida por una dieta carente de grasa, no contenía deuterio, esto es prueba innegable de que los ratones no pudieron elaborarlo.

Los isótopos demostraron que las sustancias que las células no pueden elaborar deben de proceder de la dieta, o de lo contrario ellas morirán irreparablemente. De ahí la necesidad de las vitaminas, de los aminoácidos esenciales y de algunas otras sustancias.

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