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DANIEL
ALCIDES CARRIÓN Por el
Dr. Uriel
García Cáceres |
Carrión fue un estudiante de medicina, del último año. Venciendo las dificultades propias del medio en el que vivió pudo diseñar un exitoso experimento científico. Usó su propio organismo para demostrar que, una enfermedad endémica propia de la región andina, era de naturaleza infecciosa y transmisible. Murió, el 5 de octubre de 1885, como consecuencia de la auto inoculación que él conscientemente se practicó. Para comprender tanto el significado de la vida de Carrión como el de su riesgoso experimento hay que considerar las influencias a las que estuvo sometido. Estas le sirvieron de estímulo para crear un modelo de comportamiento que tiene vigencia hoy después de 114 años. Esas influencias estuvieron enmarcadas por la adversidad. Carrión nació en un villorrio minero de gran auge. Fue la época de la alucinante riqueza fácil por la búsqueda de la plata y el oro. Los aventureros, como en California durante el mismo tiempo, fundaron Cerro de Pasco. Un pueblo sin plano urbano, en que las viviendas estaban esparcidas al azar, cada una encima de las vetas que contenían los ansiados minerales. Daniel nació como producto de la aventura extra marital de su padre con una nativa. Él era un blanco, exiliado político que nunca reconoció su responsabilidad. Ella era una joven adolescente que acompañó a su padre nativo en la aventura de la prospección minera. La madre de Carrión se hizo cargo de la educación de su hijo y le proporcionó una mediana prosperidad económica. Como mestizos que fueron, típicos "nuevos indios", Daniel y su madre procuraron elevar su condición social. La movilidad hacia arriba, en los pueblos emergentes, es una de las características más importantes de los descendientes de las civilizaciones aborígenes sojuzgadas por los conquistadores españoles. Ellos no fueron puritanos intolerantes que consideraron pecado mortal o acto ilegal el comercio sexual con los nativos. Así se creó una cultura y una manera de ser mestiza que ahora tiene un papel protagonista en la búsqueda de la identidad de los pueblos emergentes de Ibero América. Daniel Alcides Carrión bajo a la capital del Perú, desde 4,000 metros de altitud hasta el nivel del mar, para terminar su formación. Desafortunadamente para él, Lima por entonces, era el centro de cambios fundamentales en las ideas sociales y políticas. Para entonces habían ocurrido los primeros intentos de adaptación de las ideologías foráneas a la realidad nacional. En las últimas décadas del siglo pasado una ola de creencias políticas barrió el continente Americano, de norte a sur. Fue el producto secundario de la guerra de secesión , de los EE.UU. de A. Era una contra corriente impulsada por los derrotados blancos del sur; los que preconizaron, sobre la base de los postulados de Herbert Spencer, que las "razas humanas" mejor dotadas o supuestamente superiores eran las llamadas a preponderar y gobernar. Fue una desviación artificial de las ideas de Darwin sobre la selección natural de las especies biológicas. En todo el subcontinente , desde Méjico hasta la Patagonia. Fue una idea matriz de los partidos políticos y de prominentes ideólogos. Baste con recordar que Carlos Marx y Federico Engels aplaudieron con entusiasmo la invasión yanqui a Méjico, basados en la supuesta inferioridad racial, postulada por ellos, de los mestizos mejicanos. Carrión llegó a Lima cuando la efervescencia de las ideas sociales darvinistas estaban en apogeo. En la escuela donde terminó sus estudios escolares y en la facultad de medicina donde se iba a graduar casi todos sus condiscípulos y profesores profesaban esas ideas. Él tenía los caracteres somáticos y faciales de un típico nativo. Sufrió, durante todo el resto de su corta vida, la segregación, que si bien no tenía base legal o jurídica, la invisible cortina de hierro le hacía sentirse diferente. En Cerro de Pasco él y su familia eran prominentes miembros de la comunidad, respetados y bien considerados. Él fue admitido en la facultad de medicina en 1880, cuando el Perú hacía un año que estuvo envuelto en una guerra, con Chile que terminó con la derrota y la ocupación con depredación. Como resultado de ese conflicto, los puertos del litoral peruano estuvieron bloqueados. Desde abril de 1879 hasta noviembre de 1883, los médicos y estudiantes no conocieron las importantes noticias de los descubrimientos de Pasteur, Koch y otros. Se demostró que las enfermedades infecciosas eran causadas por microorganismos específicos, uno para cada enfermedad y que estas plagas eran inoculables, transmisibles o reproducibles a otros seres vivientes. Carrión estudió en las más adversas condiciones: el edificio de su facultad convertido en cuartel, el hospital docente ocupado por el enemigo, los profesores sin sueldo. Cuando se firmó la paz, estalló una guerra civil. En esas circunstancias llegaron las fascinantes noticias de las hazañas de los "cazadores de microbios". La imaginación de todos, legos y doctores, fue excitada al máximo. Cuando Daniel, ese estudiante nativo segregado de los cenáculos académicos que aparecieron con el deseo de contribuir a la reconstrucción post bélica, recibió la noticia que había un concurso organizado por la prestigiosa Academia Peruana, para premiar a quien demostrase la causa de la Verruga Peruana, una enfermedad endémica circunscrita a los templados valles interandinos y que producía, ocasionalmente, graves y mortales trastornos. Hasta esos días no se tenía una idea concreta sobre la naturaleza de esta enfermedad. Inclusive se llegó a pensar que el origen radicaba en las emanaciones tóxicas del cascajo, le denominaban "miasmas" usado para la construcción del ferrocarril central. Ese material era extraído de la Oroya, entonces un páramo a más de 4,000 metros sobre el nivel del mar. Por eso a las formas graves de la verruga peruana, le denominaban, por error, "Fiebre de la Oroya". No porque de allí provenían los enfermos, ya que entonces era un inhóspito paraje despoblado, sino que la causa eran las supuestas miasmas desprendidas de las canteras. Así el humilde Carrión irrumpió, con imaginación creadora, en el plano académico mundial. Sin laboratorios de experimentación, que no existían. Sin recursos de ningún género, el país y la universidad atravesaban la peor crisis de su historia. Cuando se convocó al concurso el territorio estuvo dividido por una guerra civil. La verruga peruana, es causada por un germen que sólo ataca a los humanos (Bartonella bacilliformis). Era, y aún lo es, una de esas situaciones en las que la experimentación tiene que utilizar a esos mismos humanos. En primer paso para buscar la "etiología", como quería la ilustre Academia Libre de Medicina, era demostrar su inoculabilidad. Por eso que usó su propio cuerpo. Como lo están haciendo los modernos científicos en la febril búsqueda de una vacuna contra el SIDA. Es un precursor de la nueva bioética, esa que señala que cuando es indispensable ese tipo de experimentación, el primero que debe ir por delante es, precisamente, el investigador. Uno de los más lúcidos panegiristas de Carrión, Lauren K. Altaman, en su libro titulado: Who Goes First? (The Story of Self Experimentation in Medicine, Random House, N. Y. 1987) dice que él… ejemplifica que el primer voluntario para un experimento en humanos debe ser el investigador…
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(Ultima
Edición:
July 24, 2006
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